La seguridad como punto de partida

14/7/2026
3 min

En los proyectos de gran escala, solemos pensar que todo comienza con el movimiento de suelo o el montaje de estructuras. Para nosotros, no. En Ventus, todo comienza con la seguridad.

Al cierre de enero de 2026, un proyecto solar de 77 MWp en Valledupar, Colombia, superó 1.100.000 horas hombre trabajadas y alcanzó más de 560 días sin incidentes con días perdidos. Detrás de estos números no hay azar ni buena fortuna. Hay planificación, método, liderazgo y, sobre todo, una convicción compartida: ninguna meta productiva está por encima de la vida y la integridad de las personas.

Pero estos resultados no se construyen al final del proyecto. Se diseñan desde el primer día.

Seguridad integrada, no complementaria

Desde su concepción, la gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo fue definida como un eje transversal. No como un área que acompaña la operación, sino como un componente integrado a cada decisión de planificación y ejecución.

La coordinación de SST mantuvo presencia permanente en campo, participando activamente en la definición y supervisión de tareas críticas. Con una relación cercana a un profesional de seguridad cada 25 trabajadores, aseguramos acompañamiento directo, control efectivo y capacidad de respuesta inmediata.

La presencia de un médico laboral en obra fortaleció el enfoque preventivo, permitiendo evaluar aptitudes para tareas de riesgo y atender de manera temprana eventos menores, evitando su escalamiento. Nada de esto hubiese sido posible sin el respaldo sostenido de la gerencia, que garantizó recursos humanos, técnicos y económicos acordes a la magnitud del desafío. Porque la seguridad no se sostiene con discursos: se sostiene con decisiones concretas.

Además, la continuidad de líderes provenientes de proyectos anteriores permitió consolidar criterios homogéneos y una cultura QSE alineada desde el inicio, reduciendo curvas de aprendizaje y fortaleciendo la disciplina operativa.

Planificar para prevenir

En un entorno con más de 500 trabajadores y múltiples frentes de trabajo simultáneos, la improvisación no es una opción. Cada tarea de mayor complejidad fue precedida por reuniones técnico–QSE específicas. Los procedimientos operativos y los Análisis de Trabajo Seguro (ATS) se mantuvieron plenamente alineados, garantizando coherencia entre lo planificado y lo ejecutado.

En campo, esto se tradujo en medidas concretas:

  • Accesos seguros a excavaciones y estructuras.
  • Senderos peatonales continuos para minimizar la interacción con equipos móviles.
  • Layouts generales de gran escala que facilitaron la orientación de personal nuevo y visitantes.
  • Sistemas de identificación diferenciada para tareas críticas.
  • Inspecciones cruzadas internas y con interventoría.
  • Control periódico de herramientas mediante cronogramas visuales, bloqueando inmediatamente aquellas fuera de servicio.

Cada decisión respondió a un mismo principio: anticipar el riesgo antes de que se materialice.

Los desafíos reales detrás del estándar

Implementar este esquema no estuvo exento de retos, este proyecto se desarrolló en una zona con altas temperaturas y condiciones climáticas exigentes. Adaptar los ritmos de trabajo, reforzar la hidratación, gestionar la fatiga térmica y sostener la disciplina operativa en jornadas extensas requirió ajustes continuos.

La incorporación progresiva de personal también implicó fortalecer procesos de inducción y estandarización de criterios. Construir una cultura preventiva homogénea en un equipo amplio y diverso demanda consistencia, coherencia y liderazgo visible.

El mayor desafío no fue técnico: fue cultural. Lograr que cada colaborador (sin importar su rol) entendiera que la seguridad no es una exigencia externa sino una responsabilidad personal y colectiva.

Cultura y disciplina: la base invisible

Desarrollamos espacios programados de formación preventiva ajustados a los riesgos de cada etapa, en articulación con aliados especializados. Herramientas de reporte temprano como YEO y Nearmiss promovieron la identificación activa de actos y condiciones inseguras.

Al mismo tiempo, cuando fue necesario, se aplicaron llamados de atención y sanciones. Porque una cultura sólida también implica coherencia: los estándares de seguridad no son negociables. La combinación de acompañamiento permanente, formación continua y disciplina operativa fue lo que permitió sostener los resultados en el tiempo.

Más que un indicador: una forma de construir

Superar el millón de horas trabajadas sin incidentes con días perdidos no es solo una estadística destacable. Es la evidencia de que cuando la seguridad ocupa el centro de la gestión, los resultados operativos también mejoran.

En Ventus, la seguridad no es un resultado aislado ni una meta temporal. Es una forma de gestionar. Es la base sobre la cual diseñamos, planificamos y ejecutamos cada proyecto.

El desafío ahora es sostener y elevar el estándar: mantener la vigilancia operativa, fortalecer el reporte temprano y seguir haciendo de la disciplina preventiva el punto de partida de cada jornada.

En Ventus, construir proyectos es importante, pero construirlos protegiendo la vida de quienes los hacen posibles es nuestra verdadera prioridad.

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