En un proyecto EPC, la integración entre Virtual Design & Construction (VDC) y operaciones en campo permite transformar topografía, geometría y criterios de montaje en decisiones que reducen incertidumbre, movimiento de tierras y ajustes en campo.
En proyectos solares de gran escala, la distancia entre un layout técnicamente correcto y una solución realmente construible puede medirse en miles de metros cúbicos de suelo, horas de maquinaria y decisiones que deben resolverse con la obra ya en marcha. Adicionalmente, en regiones donde llueve copiosamente, el corte y relleno de terreno e incrementa los riesgos de erosión.
Por eso, en Ventus la ingeniería de detalle no se concibe como una etapa aislada de la ejecución: se desarrolla con un criterio de constructibilidad, incorporando desde el diseño las condiciones que luego deberá enfrentar el equipo en terreno.
Cañahuate I, parque solar de 65 MWp construido por Ventus para Drummond en Chiriguaná, Cesar, Colombia, permite ver con claridad esa lógica de trabajo. El proyecto integra 112.781 paneles solares bifaciales instalados sobre trackers de un eje.
En ese proceso se complementaron la mirada de Emiliano Pagano, líder del equipo de VDC de Ingeniería en Ventus, y la de Pablo Rodriguez, líder de construcción del parque. La interacción entre ingeniería y operación modifica así decisiones que, en una aproximación convencional, podrían parecer definidas desde el plano. El punto de partida es simple: el modelo no debe limitarse a representar el proyecto, sino anticipar cómo ese proyecto se comportará sobre la topografía real.
Uno de los resultados más claros de este enfoque apareció en el análisis de movimiento de tierras de Cañahuate. Una estimación inicial situaba la intervención necesaria en aproximadamente 5.600 m³. Para construcción, ese volumen suponía mucho más que una cifra: implicaba frentes adicionales de corte y relleno, mayor uso de maquinaria, tiempos de ejecución y una modificación más extensa de la condición natural del predio.
A partir de un análisis topográfico de mayor detalle, el equipo de VDC revisó la implantación mesa por mesa y estudió con mayor precisión la relación entre la geometría de las estructuras y el relieve. Según explica Pagano, el objetivo fue separar los puntos donde la intervención del suelo era verdaderamente necesaria de aquellos que podían resolverse utilizando mejor las tolerancias geométricas del sistema.
La optimización permitió reducir el movimiento de tierras estimado de unos 5.600 m³ a cerca de 100 m³, un ahorro aproximado de 5.500 m³. Para Rodríguez, el impacto en la construcción es concreto: se necesitan menos trabajos de nivelación y menos maquinaria pesada, y se evita intervenir sectores que luego habría que acondicionar para instalar las estructuras.
La mejora no provino de una simplificación del proyecto, sino de una comprensión más precisa del terreno y de cómo podría comportarse la solución estructural sobre él. Es justamente en ese punto donde la información digital adquiere valor constructivo: permite decidir con mayor detalle antes de ejecutar.
El uso de trackers flexibles fue otro componente central de la optimización. Su capacidad para acompañar determinadas variaciones de la topografía permite reducir la necesidad de transformar el terreno para adaptarlo a una geometría rígida. Pero esa flexibilidad no elimina la ingeniería previa; por el contrario, exige conocer con precisión cuáles son los límites admisibles del sistema y cómo debe ejecutarse el hincado para alcanzar la geometría prevista.
Pagano explica que el trabajo de VDC consiste en simular previamente el comportamiento de las mesas, verificar su posición respecto de la topografía y generar información que permita definir cómo y dónde ejecutar el hincado. De esa manera, la adaptación al terreno deja de ser una decisión tomada durante el montaje y pasa a formar parte de la solución diseñada.
Para Rodríguez, esa anticipación es determinante en la obra. Cuando el equipo recibe una geometría ya estudiada, conoce los márgenes del sistema, identifica dónde están las singularidades y puede ejecutar con una referencia precisa. En lugar de corregir diferencias una vez instaladas las estructuras, construcción trabaja sobre una solución que ya incorporó esas diferencias desde el modelo.
La lógica cambia: no se busca llevar sistemáticamente el terreno hacia la estructura, sino determinar hasta qué punto la estructura puede seguir al terreno sin comprometer sus parámetros de diseño. El movimiento de tierras queda reservado para aquellos puntos en los que realmente es necesario.
VDC permite centralizar la información y evaluar distintas alternativas de diseño. El equipo de Construcción suma a ese proceso su experiencia en la secuencia de ejecución, el montaje y las condiciones reales de obra. La integración de ambos conocimientos permite que lo observado en el terreno se incorpore al modelo y se traduzca en soluciones viables y verificables. En Cañahuate I, donde la energía generada se destina principalmente a las operaciones mineras de Drummond, esa coordinación contribuye a responder a las necesidades del proyecto y a su objetivo de diversificar el suministro energético.
Diseñar para construir significa, en definitiva, trasladar hacia la ingeniería la mayor cantidad posible de decisiones que de otro modo deberían resolverse con la obra en marcha. Y cuanto mejor se reproduzca el proyecto antes de llegar al terreno, menor será la incertidumbre que quede por resolver cuando comiencen a trabajar las máquinas y los equipos de montaje.